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Más de 1.000 investigadores salen de España cada año

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En la versión en papel salen arriba muchas fotos (por ejemplo Esther) acompañadas de opiniones cortitas, pero en la web no lo encuentro.

http://gacetauniversitaria.es/articles/344-mas-de-1000-investigadores-salen-de-espana-cada-ano


El cartel de salida continúa apuntando al extranjero para los jóvenes investigadores, y, si las condiciones de por aquí no cambian, los que hoy hacen las maletas para engrosar sus ya brillantes currículos en otros países, es probable que vuelvan sólo de visita. A pesar de constituir una gran contribución para el desarrollo del conocimiento en nuestro país, pues cada año entre 5.000 y 6.000 licenciados se quedan en la investigación, su recompensa pasa por becas, colaboraciones, contratos de seis meses en seis meses, inseguridad, otra vez becas… Las universidades tienen mucho que decir, pues en ellas se concentra el 60% de la investigación. La remodelación de los ministerios de Ciencia e Innovación y Educación ha sido recibida con inquietud por parte de la comunidad.

El ministro de Educación, Ángel Gabilondo, y la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, deberán organizarse para dar luz verde a una Ley de Ciencia que mejore la carrera investigadora y evite la fuga de talentos.

No existe ningún registro oficial de los investigadores españoles que trabajan en el extranjero. En 2003, Antoni Valero, un científico español que entonces trabajaba en Boston (Estados Unidos) intentó realizar un censo. Más de 2.000 se apuntaron a través de Internet.

También la Fundación Española de la Ciencia y la Tecnología (FECYT) cuenta con un sistema de registro, en el que hay 1.198 personas inscritas, de las que el 43,3% desarrollan su investigación en el ámbito de las Ciencias de la Salud y la Medicina.

Estas cifras, que sirven para hacernos una idea del número de investigadores a los que les gustaría volver, es insuficiente para poner número a la cantidad de talento nacional que huye de España en busca de mejores condiciones. “Es muy difícil contabilizar esto y eso constituye un problema”, asegura la vicepresidenta de la Fundación Jóvenes Investigadores (FJI), Bego Camblor.

En el INE constan 193.024 investigadores en España, pero a los que salen se les pierde la pista. “Hay que tener en cuenta aquellos que se van con financiación del país de acogida, del grupo o centro que les recibe y con financiación de la UE. Yo creo que sí podría pasar la cifra de los 1.000 anuales, pero es complicadísimo precisarlo”, explica Bego.

Conseguir reconocimiento en el mundo de la investigación va unido a disfrutar de estancias en laboratorios extranjeros. “Es fundamental salir y completar la formación en otros lugares, lo importante es que los que desean volver puedan encontrar el lugar adecuado donde desarrollar sus ideas”, asegura Carlos López, catedrático de Bioquímica Molecular en la Universidad de Oviedo y premio de Investigación 2008 por el Ministerio.

El también premiado Carlos Belmonte no considera que exista una fuga masiva de cerebros, pero reconoce que “los más brillantes se quedan donde les ofrecen las mejores condiciones de trabajo”. Aunque no cree que todos tengan que volver: “Tenemos que atraer a los mejores, no importa que sean españoles o extranjero, sino que es necesario crear un sistema competitivo".

A la cola

De momento, no es el caso. España es uno de los países que, junto a Italia, Grecia y Portugal, menos porcentaje del PIB destina a I+D. En 2006 el aporte fue del 1,2% (de esto, sólo el 0,33% se destinó a la Educación Superior), por debajo de la media europea (1,86%) y muy lejos de conseguir el objetivo del 3% marcado para todos los países de la Unión para 2010.

Sólo Suecia y Finlandia lo superan holgados. A ellos les siguen Alemania, Austria y Dinamarca. El último informe INNOVACEF, realizado por el Centro de Estudios Financieros (CEF) en colaboración con la FJI, demuestra que nuestros investigadores trabajan peor en España, donde el grado de complacencia suspende con un 4 sobre 10. En el resto de países la media supera el 6.

Sólo hay que echar un vistazo a los sueldos de Suiza, Reino Unido o Estados Unidos, donde un postdoctorado puede estar cobrando 3.000 euros, mientras que aquí ronda los 1.300.

Falta de reconocimiento

A Elisa García no es el sueldo lo que le ha hecho buscar destino fuera de las fronteras. Cobra 1.200 al mes, pero le preocupa la estabilidad. “No veo mucha oportunidad para optar a un puesto fijo”, cuenta. ¿Fecha de regreso? “No me importa quedarme un mínimo de cinco años, ahora estoy bastante harta de esto”.

Esta bióloga y bioquímica de 29 años trabaja en su tesis en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa de la Universidad Autónoma de Madrid con una ayuda FPI (Formación del Personal Investigador) y se queja del escaso reconocimiento: “He estado cuatro meses en Londres y de lo primero que te das cuenta es que allí la ciencia es más participativa. Aquí hasta que no eres doctor, no cuentas, nadie te considera un trabajador, a pesar de que estás contribuyendo a la ciencia”.

¿Con billete de vuelta?

Aritz Lopategi, de 29 años, confía estar en una universidad estadounidense a principios de 2010 como postdoctorado mediante alguna ayuda del Gobierno vasco. De momento, este doctor en ciencias trabaja –sin contrato– en la Universidad del País Vasco, donde está terminando experimentos para publicar algún artículo y echa una mano a sus compañeras que finalizan la tesis.

Lopategi tiene claro que quiere regresar. “Me voy porque es más complicado conseguir un trabajo en las mismas condiciones en España, y el hecho de contar con esta experiencia en el extranjero te ayuda a mejorar currículo y te permite publicar más y mejor, lo cual se valora mucho”.

Sin embargo, la experiencia demuestra que la vuelta no es fácil. Según Camblor, “no existen opciones reales de retorno y muchos de los que vuelven abandonan la carrera científica”.

Por estas razones, Marcos Pita, químico por la Complutense de Madrid, no vuelve. Desde 2007, trabaja en la Universidad de Clarkson (Nueva York), donde ingresó después de haber realizado su doctorado en un grupo del CSIC. “El primer año fue el más duro en cuanto a condiciones, saber que tu trabajo tiene fecha de caducidad pero no tienes paro es una presión constante”, relata Pita.

El joven no está dispuesto a regresar “a cualquier precio”, sobre todo tras comprobar el nivel estadounidense. Para él, “la ciencia es como la jardinería: las buenas flores requieren tiempo y ciertas condiciones para crecer. Si no, sólo se obtienen matojos”.

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